¿Cómo logra una empresa sobrevivir 400 años cuando la mayoría difícilmente consigue superar tres generaciones?
La historia comienza en 1623, en Normandía, Francia.
Probablemente nadie podía imaginar entonces que aquella pequeña verrería seguiría funcionando cuatro siglos después. Y mucho menos que terminaría fabricando algunos de los frascos que representan el lujo francés ante el mundo. De una verrería a las grandes casas de perfume, durante más de dos siglos, Le Courval perfeccionó un conocimiento que terminaría convirtiéndose en su principal patrimonio: el dominio del vidrio.
En 1853 llegó uno de los momentos que cambiarían su historia.
La verrería fabricó para Guerlain el frasco de la Eau de Cologne Impériale, creada para la emperatriz Eugenia. Era mucho más que un recipiente: el frasco comenzaba a convertirse en parte de la identidad del perfume.
Con el tiempo, Pochet llevaría esa capacidad a algunas de las casas de lujo más prestigiosas del mundo. Su vidrio, reconocido por su extraordinaria transparencia y brillo, es considerado por la propia compañía como uno de los más próximos al cristal.
Una familia entra en la historia
En 1919, Charles Colonna de Giovellina contrajo matrimonio con la heredera de Maison Pochet y tomó las riendas de la empresa. Su hermano Marcel se incorporaría posteriormente.
En 1934, la familia consolidó la operación mediante la adquisición total de Verreries du Courval.
Nacía así Verreries Pochet et du Courval.
La historia empresarial había cambiado de apellido.
Pero no de oficio.
El gran dilema de toda empresa familiar: conservar o transformar
¿proteger la tradición o cambiar para sobrevivir?
La respuesta de los Colonna de Giovellina fue extraordinariamente sencilla:
hacer ambas cosas.
Modernizaron procesos y tecnología sin abandonar el conocimiento acumulado durante siglos. Esa combinación permitió a Pochet acompañar el crecimiento mundial de la perfumería de lujo y trabajar para algunas de sus grandes casas. Hoy encontramos su trabajo detrás de creaciones para firmas como Guerlain, Chanel, Lancôme, Fendi y Dior, entre otras.
400 años después
En 2023, Groupe Pochet celebró cuatro siglos desde la fundación de la verrería.
Actualmente continúa siendo una empresa privada y familiar.
La familia Colonna de Giovellina conserva el 100 % de la propiedad y ha desarrollado estructuras de gobierno en las que diferentes miembros familiares participan desde distintos espacios: algunos en el Consejo de Supervisión y otros, pertenecientes a generaciones posteriores, desempeñando responsabilidades operativas dentro del grupo.
Este detalle resulta particularmente importante. Porque quizá el verdadero secreto de Pochet no esté únicamente en saber fabricar vidrio. Está en haber comprendido que ser propietario, gobernar y dirigir una empresa son responsabilidades diferentes.
La lección de Pochet
Las empresas familiares suelen preocuparse por transmitir las acciones a la siguiente generación.
Las familias que construyen instituciones duraderas transmiten algo mucho más complejo:
conocimiento, cultura, responsabilidad y capacidad de adaptación.
Pochet atravesó monarquías, revoluciones, guerras, crisis económicas, industrialización, globalización y transformaciones tecnológicas.
Los productos cambiaron.
Las máquinas cambiaron.
Los mercados cambiaron.
Las generaciones también cambiaron.
Pero permaneció algo esencial: el oficio y la voluntad de transmitirlo.
Tal vez ahí se encuentre una de las grandes lecciones de sus cuatro siglos de existencia:
El verdadero legado de una familia empresaria no consiste en entregar intacta la empresa que recibió, sino en entregar a la siguiente generación una empresa capaz de continuar sin ella.
Porque una empresa puede heredarse.
